Casa Museo Joaquín López Antay: Honoring family heritage and celebrating the culture of Ayacucho

Facade of the Casa Museo Joaquín López Antay
© Casa Museo Joaquín López Antay

Retablos represent the culture, traditions and daily activities in wooden boxes painted with vibrant colors in the Ayacucho region of central Peru. In 1942, Joaquín López Antay created the first Ayacucho retablo, transforming the Cajón de San Marcos, whose theme was religious and which was used to bless activities, into a unique piece that materializes the culture of its community.

(Entrevista en español al final de la versión en inglés)

Interior of the Casa Museo Joaquín López Antay
© Casa Museo Joaquín López Antay

Thanks to all his contribution to Andean popular art, Joaquín López Antay received the National Culture Award in 1975. Many believed that his creations did not deserve the award, since he was not an artist because he had not studied in a School of Arts. Half a century later, his great-granddaughter, Patricia Mendoza López, proves that Joaquín López Antay’s art not only deserves to be exhibited: it is the key to Ayacucho’s cultural renaissance.

Trained as a psychologist, Patricia Mendoza López did not expect to become the director of her own museum. It all started when, in 2015, she realized how little her great-grandfather’s work was valued: “There was a very strong abandonment of my great-grandfather’s story.” The sole descendant of Antay to continue the retablo tradition, Alfredo López Morales, had little family support for his art, and the only institution that exhibited her great-grandfather’s retablos in the city of Ayacucho had broken and dusty pieces in its showcases.

Retablo, Joaquín López Antay
© Casa Museo Joaquín López Antay

Patricia then decided to take the matter into her own hands—and into her mother’s house. The young psychologist was inspired by house-museums she had visited in Chile, such as that of Pablo Neruda, to turn her family home into a place for people to be transported into Antay’s art and philosophy. She put her career in psychology aside and gave the house-museum her all.

The endeavor was however far from straightforward, given that neither Patricia nor her relatives were trained in cultural management. While the house-museum is widely successful among visitors today (4.5 stars on TripAdvisor and a feature in Lonely Planet), it is not financially sustainable yet. The harsh reality is that the Casa Museo Joaquín López Antay needs money to survive and thrive. To that end this, Patricia is receiving training while developing new and exciting projects for the museum, such as as a small retablo style accommodation and soon a coffee shop with her mother’s baked goods and a store with locally made artworks with her great-grandfather’s motifs, from ceramics to textiles. A way to integrate her maternal and local heritage within the larger scope of the museum.

Alfredo López Morales teaches a workshop at the Casa Museo Joaquín López Antay
© Casa Museo Joaquín López Antay

But the goal of the Casa Museo Joaquín López Antay is much more than being a lucrative business: Patricia wants to celebrate the figure of an artist who rose to fame and proved that he could be one of the greatest, despite being illiterate and only speaking Quechua (the indigenous dialect in Ayacucho). She underscores the fact that “we do not want to forget our reason for being: a space for the promotion of art, the sharing of Andean teachings and our traditions.” In Antay’s honor, Patricia wishes to give back to the community in several ways. First, by developing a guided visit in Quechua of the house-museum, in order to make everyone feel included. Then, by organizing arts and crafts live sessions throughout the Ayacucho region that will be accessible to children, in particular those living in remote areas who might not be able to come and visit the house-museum. And finally, by attending fairs abroad, to share the traditions of Ayacucho with more people.

Retablo figures
© Casa Museo Joaquín López Antay

The city of Ayacucho is indeed in great need of initiatives to make it more attractive to tourists, in particular foreigners. From around 1980 to 2000, the attacks of the Shining Path terrorist group and the backlash of the Peruvian army caused the death of thousands and deeply wounded—both literally and figuratively—the people of Ayacucho. In consequence, many still fear the region, when it is an absolute wonder to visit. From its archaeological past to its delicious foods, Ayacucho has much to offer. As the city rises from its ashes, Patricia welcomes the opportunity to “be able to embrace our culture more than before.”

Interior of the Casa Museo Joaquín López Antay
© Casa Museo Joaquín López Antay

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Reopening on October 19, 2021
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Casa Museo Joaquín López Antay: Honrar la herencia familiar y celebrar la cultura de Ayacucho

Patricia Mendoza López at the Casa Museo Joaquín López Antay
© Casa Museo Joaquín López Antay

“No queremos olvidar nuestra razón de ser: un espacio para la promoción del arte, para compartir las enseñanzas andinas y nuestras tradiciones”

Los retablos representan la cultura, tradiciones y actividades cotidianas en cajas de madera pintadas con colores vibrantes en la región de Ayacucho, en el centro de Perú. En 1942, Joaquín López Antay elaboró el primer retablo ayacuchano, transformando el Cajón de San Marcos -cuya temática era religiosa y que era usado para bendecir actividades-, en una pieza única que comunica la cultura de una comunidad. Gracias a todo su aporte al arte popular andino Joaquín López Antay recibió en 1975 el Premio Nacional de Cultura, muchos creyeron que sus creaciones no merecían el premio, ya que no era artista pues no había estudiado en una Escuela de Artes. Medio siglo después, su bisnieta, Patricia Mendoza López, demuestra que el arte de Joaquín López Antay no sólo merece ser expuesto: es la clave del renacimiento cultural de Ayacucho.

Formada como psicóloga, Patricia Mendoza López no esperaba convertirse en la directora de su propio museo. Todo empezó cuando, en 2015, se dio cuenta de la poca valoración de la obra de su bisabuelo: “Había un abandono muy fuerte de la historia de mi bisabuelo”. El único descendiente de Antay que continuó con la tradición del retablo, Alfredo López Morales, contaba con poco apoyo familiar con su arte, y la única institución que exponía los retablos de su bisabuelo en la ciudad de Ayacucho tenía piezas rotas y polvorientos en sus vitrinas.

Patricia decidió entonces tomar el asunto en sus manos, y más literalmente, en la casa de su madre. La joven psicóloga se inspiró en otras casas-museo que había visitado en Chile, como la de Pablo Neruda, para convertir su hogar familiar en un lugar donde la gente se transportara al arte y la filosofía de Antay. Dejó a un lado su carrera de psicóloga y se entregó de lleno a la casa-museo.

Sin embargo, la empresa no fue nada sencilla, ya que ni Patricia ni sus familiares tenían formación en gestión cultural. Aunque la casa-museo tiene un gran éxito entre los visitantes (4,5 estrellas en TripAdvisor y una mención en Lonely Planet), aún no es sostenible económicamente. La dura realidad es que la Casa Museo Joaquín López Antay necesita dinero para sobrevivir y prosperar.

Para esto, Patricia está recibiendo formación mientras desarrolla nuevos e excitantes proyectos para el museo, como como un pequeño alojamiento estilo retablo y próximamente una cafetería con los productos de panadería de su madre y una tienda con obras de arte hechas localmente con los motivos de su bisabuelo, desde cerámica hasta textiles. Una forma de integrar su herencia materna y local en el ámbito más amplio del museo.

Pero el objetivo de la Casa Museo Joaquín López Antay es mucho más que ser un negocio lucrativo: Patricia quiere celebrar la figura de un artista que saltó a la fama y demostró que podía ser uno de los más grandes, a pesar de ser analfabeto y de hablar sólo quechua (el dialecto indígena de Ayacucho). Subraya que “no queremos olvidar nuestra razón de ser: un espacio para la promoción del arte, para compartir las enseñanzas andinas y nuestras tradiciones”. En honor a Antay, Patricia desea retribuir a la comunidad de varias maneras. Primero, desarrollando una visita guiada en quechua de la casa-museo, para que todos se sientan incluidos. Luego, organizando sesiones de arte y artesanía en vivo en toda la región de Ayacucho que serán accesibles a los niños, en particular a los que viven en zonas remotas que no podrían venir a visitar la casa-museo. Y por último, asistiendo a ferias en el extranjero, para compartir las tradiciones de Ayacucho con más gente.

Efectivamente, la ciudad de Ayacucho tiene una gran necesidad de iniciativas para hacerla más atractiva a los turistas, en particular a los extranjeros. Entre 1980 y 2000, los atentados del grupo terrorista Sendero Luminoso y la reacción del ejército peruano causaron la muerte de miles de personas e hirieron profundamente, en sentido literal y figurado, a los ayacuchanos. En consecuencia, muchos siguen temiendo la región, cuando es una absoluta maravilla para visitar. Desde su pasado arqueológico hasta sus deliciosas comidas, Ayacucho tiene mucho que ofrecer. A medida que la ciudad resurge de sus cenizas, Patricia agradece la oportunidad de “poder abrazar nuestra cultura más que antes“.


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Apertura el 19 de octubre de 2021
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